El síndrome de taquicardia postural ortostática, comúnmente conocido como POTS, es un trastorno del sistema nervioso autónomo que provoca que aumente el ritmo cardíaco de forma exagerada cuando la persona se pone de pie. Esto genera mareos, palpitaciones, fatiga o niebla mental. Se debe resaltar que actualmente no hay un tratamiento farmacológico específico y las opciones siguen siendo muy limitadas destacando el uso de la ivabradina o el propranolol. Esto se debe también a los pocos ensayos que se han realizado sobre esta enfermedad.

Uno de los ensayos (JACC) realizado por Uppal et al. Contó con la participación de 40 pacientes, todas mujeres de unos 33 años. Se les administró en orden aleatorio ivabradina 5 mg cada 12 horas, propranolol 10 mg cada 6 horas y placebo durante cuatro semanas con una semana de lavado entre fases. Tras cada periodo se les realizó un análisis de 10 minutos para medir parámetros de frecuencia cardiaca, presión arterial, parámetros hemodinámicos, Holter de 24 horas y realizar un cuestionario sobre cómo había cambiado su calidad de vida y su preferencia terapéutica. El objetivo principal del estudio era ver la variación de la frecuencia cardiaca cuando las pacientes se ponían de pie.

Los resultados fueron claros, ambos tratamientos (ivabradina y propranolol) demostraron una reducción en la respuesta cronotrópica frente a las pacientes que tuvieron el tratamiento placebo.

Un dato relevante sobre la preferencia del uso entre fármacos es que, por el diseño del estudio, no se puede establecer una clara preferencia. Aunque se tengan en cuenta los testimonios de las pacientes, no hubo una diferencia significativa, ya que la ivabradina presentó un 59 % y el propranolol un 41 %. Pero esta ausencia de preferencia no debe interpretarse como una equivalencia entre fármacos dado que el estudio se hizo con una población muy pequeña y hubo abandonos por síntomas no manejables. Esto último deja de manifiesto un posible sesgo de selección.

También es importante conocer la diferencia entre presentar una frecuencia cardiaca correcta y que los factores hemodinámicos sean normales. Se ha destacado que existe una disociación entre la disminución de la frecuencia cardiaca y la mejoría de los síntomas.

Los fármacos responden distinto frente a cada paciente y además estos no siempre presentan las mismas necesidades. Se ha comprobado que la ivabradina aumentó la presión sistólica, por lo cual sería interesante administrárselo a aquellos con números bajos, pero justamente este perfil de paciente fue excluido del estudio. Otro punto a tener en cuenta es que existen personas en las que la taquicardia compensa un volumen sistólico reducido. Por todo esto se hace hincapié en la importancia de una atención médica individualizada.

Toda esta investigación pone en evidencia lo importante que es el estudio y la profundización en esta enfermedad y muestra la posibilidad de ensayar con los dos fármacos para encontrar el perfil de paciente adecuado.

Si quiere saber más: https://secardiologia.es/ritmo/blog/blog-actualizaciones-bibliograficas/16591-ivabradina-propranolol-o-placebo-en-pots-tenemos-tratamiento-de-eleccion