La hipertensión arterial pulmonar (HAP) es una enfermedad en la que aumenta la presión de las arterias que transportan la sangre desde el corazón hasta los pulmones. Esta situación obliga al ventrículo derecho a realizar un esfuerzo constante para impulsar la sangre, y con el paso del tiempo puede afectar a su capacidad de funcionamiento.
Uno de los principales objetivos del seguimiento de las personas con HAP es detectar de forma precoz cualquier cambio que indique una evolución desfavorable. Para ello, se valoran los síntomas, la capacidad para realizar ejercicio o los resultados de los análisis y el funcionamiento del corazón mediante pruebas como la ecocardiografía.
En los últimos años se ha comenzado a utilizar un parámetro conocido como TAPSE/sPAP, que ayuda a conocer cómo responde el ventrículo derecho frente al aumento de presión en la circulación pulmonar. Se obtiene a partir de dos mediciones realizadas durante una ecocardiografía: una evalúa la capacidad de contracción del ventrículo derecho (TAPSE) y la otra estima la presión en la arteria pulmonar (sPAP). La combinación de ambas ofrece una visión más completa de la situación del paciente que cada una por separado.
La información que brinda es vital, ya que permite conocer la evolución de la hipertensión arterial pulmonar que depende de la capacidad del ventrículo derecho para adaptarse al esfuerzo adicional que supone bombear sangre contra una presión elevada. Cuando esa adaptación comienza a fallar, aumenta el riesgo de complicaciones y puede ser necesario modificar el tratamiento o intensificar el seguimiento clínico.
Las investigaciones han demostrado que el índice TAPSE/sPAP permite mejorar la estratificación del riesgo, especialmente en aquellos pacientes que inicialmente presentan un riesgo intermedio. Esto ayuda a identificar con mayor precisión quiénes podrían beneficiarse de una vigilancia más estrecha o de una estrategia terapéutica diferente.
Aun así, este parámetro no sustituye al resto de herramientas empleadas en el seguimiento de la enfermedad. La valoración debe seguir siendo continua y contener la información obtenida durante la consulta, como la exploración física, la capacidad funcional, los biomarcadores, las pruebas de imagen y, cuando está indicado, el estudio hemodinámico.
Los avances en cardiología y en el estudio de la hipertensión arterial pulmonar están permitiendo incorporar nuevos indicadores que facilitan una atención cada vez más personalizada. El índice TAPSE/sPAP es un buen ejemplo de ello: una herramienta sencilla, obtenida mediante una prueba habitual y no invasiva, que puede aportar información muy valiosa sobre la evolución de la enfermedad y contribuir a tomar decisiones clínicas más ajustadas a las necesidades de cada persona.
Si padece hipertensión arterial pulmonar, es importante acudir a las revisiones programadas y seguir las indicaciones de su equipo médico. El seguimiento periódico permite detectar cambios de forma precoz y adaptar el tratamiento cuando sea necesario. La incorporación de nuevos parámetros como el TAPSE/sPAP supone un paso más hacia una medicina más precisa y orientada a mejorar tanto el pronóstico como la calidad de vida de los pacientes.
Para saber más: https://secardiologia.es/blog/16542-tapse-psap-optimizando-la-estratificacion-del-riesgo-en-la-hipertension-arterial-pulmonar