En un reciente artículo publicado por Juan José Gómez Doblas, jefe de servicio de cardiología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, su autor aborda que la insuficiencia cardíaca representa uno de los problemas más complejos a los que se enfrentan los médicos a diario en la cardiología actual. Solo en la comunidad andaluza afecta a unas 250 000 personas y es la principal causa de ingreso hospitalario en mayores de 65 años. Durante mucho tiempo, uno de sus mayores obstáculos ha sido la fragmentación: una barrera invisible entre la atención que se recibe en el centro de salud y la que se presta en el hospital.
Para evitar este problema, se propuso el proyecto MAIC Andalucía (Modelo Asistencial de Atención al Paciente con Insuficiencia Cardíaca). Este modelo ha supuesto un paso al frente muy importante, evaluando cómo implantar un modelo de atención realmente integrado y adaptado a la realidad de las áreas sanitarias de la Comunidad Autónoma.
El proyecto se ha desarrollado a lo largo de un año analizando seis áreas sanitarias con realidades muy diversas. El objetivo principal era conectar los puntos para que el paciente no se sienta perdido entre un nivel asistencial y otro. ¿Cómo se ha conseguido sobre el terreno?
- Diagnósticos más ágiles desde el primer día: se ha potenciado el uso de los péptidos natriuréticos (NT-proBNP) directamente en los centros de salud y el acceso preferente a ecocardiografías, logrando filtrar y confirmar sospechas sin esperas innecesarias.
- Cuidar el momento del alta: los días posteriores a salir del hospital son los más delicados. Por ello, se ha establecido un calendario estricto de control: un primer contacto a las 48-72 horas, una revisión en atención primaria durante la primera semana y la valoración por el equipo especialista entre la segunda y la tercera.
- El valor del equipo multidisciplinar: cuidar el corazón de un paciente no es tarea de una sola persona ni de una sola área médica. El papel de la enfermera gestora de casos, el apoyo emocional y los profesionales referentes en cada centro de salud son los verdaderos roles que permiten asegurar una sanidad íntegra al paciente.
Los datos recabados tras doce meses de trabajo muestran una mejora clara en la organización y en los circuitos asistenciales, especialmente en aquellas zonas que partían con más dificultades. Como ocurre con los grandes cambios, el impacto profundo sobre los reingresos y la salud a largo plazo requiere tiempo y consolidación, y el estudio también pone sobre la mesa las dificultades reales del día a día, como la presión asistencial o la rotación de los equipos.
Aun así, la conclusión es clara: la verdadera salud cardiovascular de los pacientes depende de tender relaciones firmes y estables entre todos los profesionales que los cuidan.