A pesar de que la gran mayoría de pacientes coronarios reciben tratamientos hipolipemiantes, solo el 25 % de esta población consigue los efectos deseados. Esto deja fuera de juego al 75 % restante. La diferencia expuesta supone un reto en el control del cLDL a la hora de prevenir futuros infartos o eventos isquémicos.

Se ha recogido en numerosas guías europeas a lo largo de años la importancia de disminuir el cLDL, ya que un aumento de este parámetro implica de forma directa un aumento en el riesgo cardiovascular. Por ello se destaca la urgencia e importancia de mantenerlo en unos parámetros adecuados.

Un estudio realizado por el Registro Español sobre el control lipídico en Pacientes de muy Alto Riesgo analizó los datos de 1055 pacientes con enfermedad coronaria estable y reflejó que, aunque todos recibiesen un tratamiento para mantener el cLDL en valores recomendados (menor a 55 mg/dL), solo el 26 % lo conseguía, el resto excedía dicho límite. En pacientes con un tratamiento de alta intensidad, este porcentaje subía a 45 %.

Otro estudio, llamado SIRENA, llevó a cabo otra investigación similar en 631 mujeres y obtuvo datos muy parecidos al anterior. La conclusión: aunque los pacientes reciban tratamiento, ello no se traduce en un control real del parámetro.

Se ha estimado que un descenso de 1 mmol/L implica un 22 % menos de posibilidad de sufrir un evento cardiovascular. Esto deja en evidencia la relevancia del control del cLDL. Se tiende a no prestar suficiente atención debido a que se acepta que no es tan apremiante controlarlo; en el orden de prioridades destacan más la presión arterial o la glucemia, que, además, presentan síntomas más visibles. A esto se suma la precaución por parte de los médicos a los efectos secundarios que pueden tener las dosis altas de fármacos hipolipemiantes.

Ante esta realidad, se ha comenzado a aconsejar el uso combinado de dos fármacos: la estatina y la ezetimiba. Esta recomendación se fundamenta en la complementariedad de los mecanismos de acción. Las estatinas inhiben la HMG-CoA reductasa, lo que se traduce en una menor síntesis de colesterol en el hígado. Por el otro lado, la ezetimiba bloquea la acción de la proteína NPC1L1, lo que impide la absorción intestinal. El resultado global es un descenso en el cLDL.

Para asegurar su funcionamiento, se realizó el estudio IMPROVE-IT, que contó con la participación de 18 144 pacientes aleatorizados con un tratamiento de monoterapia de simvastatina y en el otro grupo una combinación de este y ezetimiba. En el caso de los pacientes que utilizaban ambos fármacos, se observó una disminución significativa de infarto de miocardio e ictus isquémico por la reducción de la molécula cLDL.

Otro aspecto para tener en cuenta a la hora de recomendar estos tratamientos es la adherencia por parte de los pacientes. Se ha demostrado que, en los tratamientos a largo plazo, las personas suelen abandonarlos y esto causa una pérdida del control del parámetro. Por tanto, también se debe encontrar una manera de simplificar el tratamiento para mejorar la vida del paciente.

En definitiva, un mejor control del cLDL con la receta de los fármacos correctos y un cumplimiento terapéutico pueden disminuir en gran medida los infartos, eventos isquémicos y muertes en pacientes.

Para saber más: https://www.cardioteca.com/lipidos-blog/8426-el-74-de-los-pacientes-coronarios-en-espana-no-controla-el-cldl-claves-para-cerrar-la-brecha-terapeutica.html