La terapia oncológica mediante biomarcadores sanguíneos es una técnica que sigue usándose para predecir el riesgo de un paciente a sufrir algún tipo de disfunción cardiaca, pero este procedimiento tiene sus limitaciones. Aunque existen grandes avances en el seguimiento cardiovascular, en muchas ocasiones no se logra anticipar la aparición de cardiotoxicidad en pacientes con cáncer de mama. Para ello, se siguen estudiando nuevas rutas, como la reciente investigación liderada por Gustafson, que busca biomarcadores que estén asociados con el posterior desarrollo de cardiotoxicidad en pacientes que presenten cáncer de mama.
El estudio se realizó con la participación de 136 mujeres con cáncer de mama HER2 positivo a las que habían administrado antraciclinas y trastuzumab. Además, se les monitorizó y se realizaron las pruebas recomendadas en pacientes sometidas a terapia antiHER2. De esta manera, se documentaron los biomarcadores asociados con reacciones como inflamación o angiogénesis. Tras 15 meses, 37 de esas 126 mujeres presentaron disfunción relacionada con la terapia oncológica y se observó el aumento de los valores de algunos biomarcadores como la endoglina y de marcadores inflamatorios como la mieloperoxidasa, aunque estos ya eran elevados antes de comenzar el tratamiento. Otros biomarcadores clasificados como “clásicos”, por ejemplo, la troponina, no mostraron ninguna diferencia. Esto puede dar lugar a entender que los mecanismos que predisponen a la toxicidad podrían estar relacionados con alteraciones preexistentes en el sistema vascular o en el endotelio.
A través de técnicas de parámetros de imagen, uso de otras variables clínicas y biomarcadores, se llegó a la conclusión de que ciertos biomarcadores como angiopoyetina-2, mieloperoxidasa y endoglina son mejores para predecir si el paciente va a presentar cardiotoxicidad.
El estudio sugiere que algunos pacientes pueden presentar una predisposición a los efectos cardiotóxicos del tratamiento de la quimioterapia porque antes de comenzarlo ya muestran un estado inflamatorio y vascular alterado. Esto podría marcar un antes y un después en la vida de los pacientes si este perfil biológico se detecta con anticipación al inicio de la terapia y permitiría reconocer a los pacientes con alto riesgo para realizar las adaptaciones pertinentes a su tratamiento y seguimiento cardiovascular. Por ejemplo, existen guías como la European Society of Cardiology que recomiendan hacer una estratificación cardiovascular con antelación al inicio de las terapias cardio-oncológicas para identificar los posibles factores clínicos, antecedentes cardiovasculares y parámetros de imagen. Aunque todavía este estudio presenta muchas limitaciones y la investigación contó con una participación pequeña, se demuestra que el desarrollo de la cardiotoxicidad no depende directamente del tratamiento oncológico, sino de las características de cada paciente. Esto acaba reforzando la necesidad de una sanidad individualizada.
Para saber más: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41546616/